
El gemelo solitario
Paciente: Sara
Es un caso real por lo que he cambiado los nombres para proteger su identidad.
María tiene una hija a la que llamaremos Sara.
Sara tiene 8 años y va al colegio.
En el colegio se distrae mucho, no hace las tareas, siempre trae anotaciones en la agenda de que no entregó lo que se le pedía.
También se despierta de madrugada porque siente que alguien entra a su habitación, siente mucho miedo porque no ve a nadie. Se asusta y se va a la habitación de su mamá, y ya no quiere seguir durmiendo en su habitación.
Estos episodios se repiten todos los días, como consecuencia la niña y la mamá no descansan bien.
Tiene dificultades en el colegio, le cueste terminar las cosas o seguir las indicaciones, se olvida.
Por el problema de su hija Sara, la madre inicia un proceso terapéutico, descubriendo que su niña Sara tenía un gemelo (a), ella al principio decía no, “yo tengo solo una hija”, después de algunas sesiones recordó que al momento de dar a luz una de las enfermeras hizo el comentario de que había otro embrión, pero ella se desmayó en ese momento porque el parto fue difícil.
Este comentario lo había olvidado totalmente, hasta que en una de las sesiones lo pudo recordar.
También recordó que estando embaraza expulsó coágulos de sangre, a lo que no le dio importancia.
Las cosas empezaron a tener sentido para ella y pudo hacer el duelo de su otro embrión.
Sara nunca supo de su hermana (o), el día de hoy ha mejorado, todavía tiene algunos de los síntomas del gemelo solitario. Siendo hoy adolescente, puede hacer su propio trabajo de sanación de su gemelo perdido, para que pueda vivir una vida plena.